Misas

Misas

miércoles, 2 de diciembre de 2015

VAYAMOS AL DESIERTO-2º DOMINGO DE ADVIENTO

En este segundo domingo de Adviento, y aprovechando la celebración próxima de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, se hace más necesario volver nuestros ojos a María, la madre del Señor, gracias a la cual se realizó de manera única y singular la venida del Salvador. María esperaba con todo su corazón la venida del Salvador, y gracias a las palabras y a los gestos que nos narra el Evangelio podemos ver cómo ella vivía realmente según las palabras de los profetas. Esperaba con ilusión, sin saber realmente cómo sería esa venida. Quizás incluso pensaba como el resto de sus coetáneos que sería una venida gloriosa, como corresponde a Dios. Así podemos imaginar la confusión de María cuando Gabriel le anuncia que el Mesías tan esperado por el pueblo de Israel, el Hijo de Dios, iba a encarnarse en ella, la sierva más humilde de Yahvé. Sin embargo, a pesar de no entender y de las lógicas dudas que le pudieron asaltar en ese momento, en un acto de fe y de entrega absolutas, le dijo SI al Señor "Hágase en mí según tu palabra", convirtiéndose en morada de Dios. 

El domingo pasado se nos exhortaba a estar vigilantes y a prepararnos para la venida del Señor de acuerdo a su mandato de Amor, porque aunque habrá una venida definitiva, el Señor nace cada día. El Señor desea entrar en nuestro tiempo y en nuestra historia, como ya lo hizo a través de María, pero también llama a nuestro corazón para entrar en nuestra vida. Esto es lo que queremos aprender de nuevo en el tiempo del Adviento: que el Señor pueda venir a través de nosotros. Para ello es necesario encontrar ratos de oración, de estar a solas con el Señor, para impregnarnos de El. En el Evangelio de hoy, Lucas nos habla de la vocación de Juan el Bautista, de la llamada que Dios le hizo en el desierto a anuncia la Buena Nueva, la llegada del Mesías. En la Biblia, el desierto es uno de los lugares en los que con mayor frecuencia Dios se manifiesta a los hombres, y así, cada uno de nosotros podemos ir a nuestro "desierto" interior, a ese lugar en el que sólo estamos nosotros, desnudos, y encontrarnos allí con el Señor, dejar que nos hable y nos interpele. Y que al igual que Juan, podamos, después de ese encuentro, anunciar la venida del Salvador, ser portadores de luz y de esperanza en este mundo, decir y testimoniar con alegría y júbilo que Dios está entre nosotros y que jamás nos abandonará. Que Jesús está naciendo siempre en nuestro corazón.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

GRACIAS POR COMENTAR