Misas

Misas

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Dominica Gaudete (Domingo de la Alegría): ¡ALEGRÉMONOS EN EL SEÑOR!

Vamos a celebrar el Domingo de la Alegría. Y nos asalta una pregunta: ¿Cómo podemos estar alegres con la que está cayendo? Guerra en Siria, millones hermanos que mueren de hambre, un chaval frustrado y desesperanzado pegando tiros y explotando bombas en nombre de una religión que no entiende, y una larga lista de etcéteras. Uno tiene la tentación de echar la culpa a Dios. ¿No es Dios todo bondad? ¿Si es tan bueno, por qué se queda impasible ante tanto desastre, ante tanta maldad y tanto sufrimiento? ¿Para qué nos sirve Dios, si no nos soluciona todos estos problemas? Ahí está el quid de la cuestión. Dios nos hizo libres, y por tanto, responsables de nuestros actos. Dios lo puede todo, de manera que si fuera cuestión de poder o de querer, podría hacer de este mundo un paraíso en cualquier momento. Pero tanto nos amó desde el principio, que nos hizo a su imagen y semejanza, es decir, libres e inteligentes. Y cada día, en cada momento, podemos elegir, todos y cada uno de los hombres, nuestro camino. Si escogemos renunciar a nosotros mismos y volcarnos en los demás, ayudar a las personas que nos vamos encontrando, empleamos nuestra inteligencia para el bien, lo que nos acerca a Dios y a su Reino. Si por el contrario solo pensamos en satisfacer nuestras necesidades, en buscar nuestro placer por encima de todo, incluso de la vida de los demás, como tan frecuentemente ocurre, tenemos como resultado el mundo en el que vivimos. No es culpa de Dios. Dios nos muestra a cada instante el camino que El desea que recorramos, El sale a nuestro encuentro en cada momento de nuestra vida, El nos ama con una intensidad que nos sobrepasa. Pero tenemos que saber reconocerlo. Tenemos que aprender a ver en los acontecimientos de nuestra vida la mano de Dios. Esa es la alegría cristiana: sabernos amados por Dios a pesar de todo, ver en sus ojos la ternura, la comprensión, el cariño, la misericordia, las ganas de que le queramos, aunque sólo sea un poco, porque nunca lograremos corresponder a su amor. Y en estos últimos días de Adviento, nuestra alegría es aún mayor, porque Dios ya no es Alguien que está por encima de nosotros, sino que se hizo Niño, lo más débil y lo más pobre, para estar con nosotros y compartir nuestro ser y nuestro sentir. Para acompañarnos en nuestras limitaciones, tristezas, decepciones, dolor, pero también en nuestros momentos de felicidad, de gozo, de amistad. Ese Niño se ha ido gestando a lo largo del año, y ahora, ya está a punto de nacer en cada uno de nosotros de manera especial, con más fuerza. Una fuerza que nos permite transmitir nuestra alegría a todos los que nos rodean, porque "¡DIOS ESTA CON NOSOTROS!". Y esa es también nuestra esperanza, que Dios nos acompaña siempre, va con nosotros siempre, y cuando le dejamos, nos transforma para asemejarnos más a El y así nos podemos asomar a la felicidad plena y eterna de su presencia constante. ¡¡¡¡Mira a los ojos del Niño Dios y alégrate!!!! Siente cómo su amor te traspasa, y celebra su venida a este mundo como si te hubiera tocado el Gordo de Navidad. Siéntelo en tus entrañas, porque ese Niño ya va a nacer, y va a estar contigo, personalmente, toda tu vida, porque te ama. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario

GRACIAS POR COMENTAR