Misas

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miércoles, 25 de noviembre de 2015

PREPAREMOS LOS CAMINOS... PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Comenzamos un nuevo año litúrgico. Y de la mejor manera posible: estamos en estado de buena esperanza, esperamos el nacimiento de un Niño, un acontecimiento que siempre nos llena de alegría, de ilusión. Y en nuestro caso, esa alegría es aún mayor, porque ese Niño que está a punto de nacer es nuestra esperanza, nuestra salvación. Es el Hijo de Dios, Dios hecho hombre para compartir con nosotros nuestra debilidad, nuestra fragilidad, nuestras emociones y dolores. Para convivir con nuestro pecado (El no lo tiene, pero lo sufre con nosotros)  y ayudarnos a afrontarlo y a superarlo. Jesús nació de una mujer, María, la mujer que supo escuchar la Palabra de Dios, interiorizarla y cumplirla. Si somos capaces de escuchar esa Palabra y ponerla en práctica en nuestra vida, aún con errores e imperfecciones, Jesús también nacerá en nosotros.


En este primer domingo de Adviento las tres lecturas que meditamos en la Misa nos hablan de la liberación, de la salvación última, de la venida del Señor. Jeremías anuncia la venida del Mesías, de Aquel que traerá justicia a su pueblo, un pueblo que durante muchos años estuvo sometido y privado de libertad. Jeremías, el profeta de las Lamentaciones, es en este caso semilla de esperanza en medio de la calamidad, de la guerra, del hambre. También hoy nosotros debemos ser semilla de esperanza en medio de un mundo devastado por la guerra, la falta de recursos, la pérdida de los derechos y de la dignidad humana. Ya sabemos que el Señor ha venido y por nuestra Fe, también sabemos que volverá para llevarnos con El definitivamente, un acontecimiento proclamado por Pablo en la Segunda Lectura. En ella nos exhorta a estar preparados para esa venida definitiva, y esta preparación no es otra que permanecer en el Amor, al estilo de Jesús. Por último, en el Evangelio de Lucas, Jesús nos describe su venida al final de los tiempos, asegurando nuestra Fe y nuestra esperanza en la plenitud de la Creación. No sólo nos ha dicho que va a regresar, sino que además nos dice de qué manera. Sólo tenemos que estar preparados. Y a esa preparación nos ayuda el tiempo de Adviento, que nos recuerda de manera más tangible y cercana esa venida del Señor, no la definitiva, sino la que recordamos que ya ocurrió, que celebramos litúrgicamente cada año, y que sabemos que tiene lugar cada día, porque cada día nace el Señor en nuestro corazón.   




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