Misas

Misas

miércoles, 16 de diciembre de 2015

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO


¡¡Ya llega el Niño!! Está a punto de nacer. Lo sentimos en el ambiente, en las decoraciones, en la gente que pasea por la calle pensando en los menús de Navidad, en los regalos que va a hacer, quizás en el número de lotería que ha comprado con la esperanza de poder pagar la hipoteca… Nosotros nos unimos a esa alegría latente, a ese espíritu que nos impulsa a ser mejores, a salir de nosotros mismos y preocuparnos más por los demás. Sin embargo, para nosotros este tiempo próximo de la Navidad no es sólo un aumento de sensibilidad hacia el otro, una mayor toma de conciencia solidaria, sino sobre todo, un tiempo de especial alegría, porque nuestro Dios nos ama tanto que ha querido nacer entre nosotros como uno más. Lo tenemos tan cerca que lo podemos tocar. Casi podemos escuchar su llanto en una fría noche, envuelto en pañales, recibiendo el calor de los animales de un establo. La Liturgia de este cuarto Domingo de Adviento nos ilumina el camino a seguir para recibir a Dios hecho hombre, para dejarnos abrazar por su Misericordia, para dejar que entre no sólo en nuestra casa como una figura del Belén, sino en nuestro corazón, que debe calentar e iluminar a todos los que nos rodean, para que a todos llegue la Misericordia de Dios. Y ese camino no es otro que el de la humildad, la pequeñez, el abajamiento, allanando las montañas del orgullo y la soberbia y rellenando los barrancos del miedo y la cobardía con el Amor y la entrega. Miqueas profetiza el nacimiento del Mesías en Belén, “tan pequeña entre las ciudades de Judá”, el pueblo insignificante, tan cercano a Jerusalén que queda ignorado frente a la gran urbe. La carta a los hebreos nos presenta a Jesús, el Niño que va a nacer, como aquel que hizo siempre la voluntad del Padre, el que vino con una actitud de entrega total a Dios, el mayor signo de pequeñez y humildad: la kénosis del Señor, su abajamiento. Por último, el Evangelio de Lucas  pone de manifiesto no sólo la humildad de María, la “esclava del Señor” según sus propias palabras, sino los frutos de la oración. Dios sale al encuentro de María, que le entrega todo su ser para hacer su voluntad, y ello la llena de un amor tan puro y pleno, de una alegría tal que siente la necesidad de salir ella misma al encuentro de los demás. La entrega al Señor repercute en una entrega a los demás, en este caso, de su prima Isabel, necesitada de ayuda en tan avanzado estado de gestación. El Evangelio recoge el regocijo de ambas mujeres al saludarse, reconociendo la una en la otra la presencia del Señor, que ha obrado milagros en las dos. Así también el Señor obra milagros en todos nosotros cuando verdaderamente nos encontramos con Éla y de Amor. amos en un tiempo de gracia, que nos invita a prepararnos precisamente para este encuentro. Que su venida nos llene. Y ahora estamos en un tiempo de gracia, que nos invita a prepararnos precisamente para este encuentro. Que su venida nos llene de Paz, de Alegría y de Amor.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

GRACIAS POR COMENTAR