Misas

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sábado, 4 de marzo de 2017

CUARESMA

El miércoles de ceniza hemos comenzado el camino cuaresmal. A lo largo de estos cuarenta días acompañaremos a Jesús en el desierto, nos uniremos a su oración, pidiendo la ayuda del Padre para volver nuestro corazón a Él, superando las tentaciones con las que nos enfrentamos día a día. Siguiendo el ejemplo del Maestro, nos adentramos en nuestro desierto con deseo verdadero de encontrarnos con nosotros mismos, con nuestra verdad, con nuestras virtudes, pero también con nuestros defectos. Sólo en nuestra verdad más profunda podemos encontrar a Dios, acogernos a su misericordia, sentir su amor y su perdón, y desde ahí, con fuerza, alegría, ilusión y esperanza renovadas, salir el encuentro de los demás, proclamar la Palabra de Dios, llevar la Buena Noticia a todos aquellos hastiados de tanta maldad, tanta corrupción, tantas malas noticias que abruman el alma.
Nadie nos obliga a ir al desierto. Tampoco a Jesús. Él eligió voluntariamente ir al desierto para alejarse del mundo y estar a solas con El mismo y con su Padre, y así discernir cuál iba a ser su misión y cómo la realizaría. Jesús no pecó ni tuvo errores que corregir, pero también se enfrentó a las grandes tentaciones. Esta etapa del desierto fue su primera lección sobre cómo necesita estar el alma para relacionarse con Dios: en calma, sosiego, lejos de distracciones, sólo el alma y Dios. Y en esos momentos, surgen con mayor claridad las tentaciones, al analizar nuestros errores e intentar justificarlos automáticamente. Pero la oración intensa, la cercanía del Padre que no nos deja nunca, nos desvela la verdad de esos errores, abriéndonos el camino del perdón y la misericordia cuando los reconocemos y nos arrepentimos. En ese preciso instante empieza nuestra conversión y Dios nos regala la oportunidad de comenzar de nuevo y nos llena de felicidad al sabernos incondicionalmente amados por Él. Todo esto nos lleva a la conclusión de que la Cuaresma no es un tiempo triste, de penitencia con la cabeza caída, sino todo lo contrario. Es un regalo, una posibilidad de volver a empezar, por mucho que nos hayamos equivocado. Es la oportunidad de recargar energía, confianza en el futuro, alegría, perdón, amor. En el fondo, nos adentramos en el desierto para encontrar el más bello oasis. Orar, ayunar y dar limosna son consejos, medios que nos ayudan a entrar en ese desierto interior tan necesario para continuar con nuestra vida más cerca de Dios.


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